Donde hay abeja hay vida

 

Recuerdo que, cuando era niño, solía alejar a las abejas de mi vista, les tenía miedo y si no podía hacer otra cosa, intentaba matarlas. Un insecto tan vulnerable y potente al mismo tiempo, me generaba angustia y respeto. Con los años, ese sentimiento se transformó en genuino interés por ese increíble ser viviente. No soy para nada un experto en el tema, pero la cercanía al mundo rural y las conversaciones con varios representantes de organizaciones latinoamericanas de pequeños apicultores de comercio justo han hecho que me “enamorara” poco a poco de la apicultura, entendiendo mejor sus beneficios y apreciando mejor sus frutos.

 

Los que no están familiarizados con la apicultura quizás solo la consideren para la producción de miel, polen o jalea real, y los benéficos efectos de estos para la salud humana. Pero desconocen el impacto de la actividad polinizadora de las abejas y, por tanto, los efectos que ésta tiene en la sostenibilidad ambiental y productividad de muchos cultivos agrícolas; y, finalmente, en la soberanía alimentaria de los pueblos. La apicultura, de hecho, aporta a la diversificación productiva de las parcelas y fincas agrícolas y es un termómetro natural de la salud de nuestros cultivos. Donde hay abeja, hay vida.

 

La apicultura latinoamericana, así como a escala global, se está enfrentando a enormes retos, desafíos que viven todas las actividades agropecuarias, especialmente si es familiar y a pequeña escala. Los ecosistemas están cada vez más deteriorados por actividades humanas que generan pérdida de flora, fauna, biodiversidad, bosques nativos, fuentes hídricas, entre otros. Los avances de la urbanización, las deforestaciones y las talas indiscriminadas, el desarrollo de los monocultivos intensivos, el uso de pesticidas y agroquímicos, de organismos genéticamente modificados están alterando los ecosistemas, poniendo en riesgo la vida de las abejas.

 

Además, debemos sumar los efectos del calentamiento global. En la COP20 de Lima (2014), la Coordinadora Latinoamericana y del Caribe de Pequeños Productores de Comercio Justo (CLAC) presentó la voz de los pequeños productores frente al cambio climático. Uno de los efectos más visibles para los apicultores son los cambios en los regímenes de las lluvias: éstas ya no coinciden con las épocas de floración, causando una caída sustancial de la producción de miel. Si los productores no responden con un adecuado manejo para enfrentar las sequías, hay alta probabilidad de que las colonias enjambren, que la reina salga a buscar nuevos horizontes y con ella la colonia completa; así, el apicultor pierde todo el capital invertido en la colmena y las abejas. Además, se está viviendo una generalizada disminución de la población por las variaciones en las temperaturas; el aumento de humedad en la miel por la falta de abejas; el aumento de plagas y enfermedades antes no detectadas; y un cambio generalizado en el comportamiento de las abejas mismas.

 

Lamentablemente muchos productores convencionales responden a las dificultades que presenta el clima cambiando de cultivos, utilizando mayor cantidad de agroquímicos, o dedicándose a la ganadería, lo cual significa deforestación y pérdida de vegetación. Ambas elecciones son altamente negativas para la floración de muchas especies silvestres altamente melíferas y poliníferas, tanto por la eliminación de su hábitat como por la aplicación de herbicidas.

 

Del 6 al 10 de Septiembre de 2016, en Santiago del Estero (Argentina), tendrá lugar el 4to Simposio Mundial de Apicultura Orgánica (ApiBio 2016), organizado por laCooperativa de Trabajo “CoopSol” (miel de comercio justo) y la Federación Internacional de Asociaciones Apícolas APIMONDIA. La Red de Miel de CLAC, que articula a las cooperativas y organizaciones de pequeños apicultores de comercio justo de América Latina y el Caribe participará, presentando los desafíos para la apicultura de comercio justo; entre otros:

 

  1. mejorar la comunicación y visibilización de los impactos de la apicultura y el comercio justo

  2. proponer políticas públicas diferenciadas que valoren el rol de la apicultura en la sostenibilidad productiva, ambiental y social de nuestras zonas rurales

  3. trabajar conjuntamente, entre todos los actores de la cadena de suministro, para una mejor entendimiento recíproco y el acceso a nuevos mercados, de manera justa y solidaria

  4. compartir los riesgos del cambio climático a lo largo de toda la cadena comercial.

Los pequeños productores de comercio justo estarán presentes, llevando su voz a escenarios globales que, inevitablemente, tendrán que conectarse cada vez más con sus realidades locales.

 

Fuente: http://blogs.elpais.com/alterconsumismo/2016/09/donde-hay-abeja-hay-vida.html

 

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